Editorial
De los tiempos a modo.
El que la economía del mundo capitalista esté literalmente prendida con alfileres, de tal suerte que el neoliberalismo se encuentra en el ojo del huracán; y que la gente comienza a darse cuenta que la Democracia es una vacilada, por lo que comienzan a protestar airadamente.
Como sucede en Egipto, donde después del derrocamiento de Hosni Mubarak las cosas no han mejorado, sino más bien todo lo contrario. A tal grado que ahora las protestas son para derrocar al régimen militar que ha sucedido a Dictador.
Quizá sea el momento para que al mundo que globalizaron se una y haga valer la fuerza que le dieron con la política del consumismo, llevando a cabo un boicot en contra de las poderosas transnacionales.
Que le han dado vida a las palabras de Carlos Marx, quien ya desde hace tiempo nos advirtió: “Los Ejecutivos de los Estados Modernos, no son otra cosa que el comité de administración de los bienes de la burguesía”.
Solo que el sistema que con el cuento de la Democracia nos han hecho creer que es bueno y que ha servido para el desarrollo de los pueblo, nunca se planeó bien y ha finalmente colapsado.
Como lo demuestran las políticas de pensiones. Mismas han tenido modificarse para alargar el tiempo de las jubilaciones, toda vez que ya no hay el suficiente dinero para cubrirlas; lo que ha generado un malestar en todas las latitudes donde lo han llevado a cabo.
En México, el IMSS y el ISSSTE han colapsado. Hay desabasto en medicamentos y la atención médica, con médicos que ya no hacen clínica y se militan a interpretar los análisis que mandan a hacer, ante la carencia de dinero para llevarlos a cabo, deja mucho que desear.
Pero el Gobierno en lugar de ver más por la salud del Pueblo, que es el mayor de los tesoros, ha gastado todo lo que tienen en el combate a los delincuentes. Cuando estos se han multiplicado por la falta de oportunidades de estudio y de trabajo que tienen los ciudadanos.
Por todos lados se ven patrullas nuevas, chalecos, coches blindados y elementos embozados con modernas metralletas, pero no hay ambulancias ni se construyen hospitales o escuelas.
Y ya no se diga el abandono en el que se tiene al campo y a los campesinos, favoreciendo perversamente la dependencia alimentaria que literalmente nos pone en las manos de aviesos intereses que finalmente son los que imponen sus voluntad por sobre los haberes de la Patria.
Y si, en conclusión, nunca las Naciones habían estado sometidas a yugos tan inicuos, es igualmente cierto que los ciudadanos jamás habíamos tenido una posición tan favorable para voltear la oración por pasiva y tomar la sartén por el mango mediante el poder del consumidor, que a fin de cuentas ellos mismos nos han otorgado. Todo es cuestión de que nos organicemos.





