Plataforma para la biodiversidad
En enero de 2005, el presidente Jacques Chirac convocó a representantes de muchos países a una conferencia titulada “Biodiversidad: ciencia y gobernabilidad”. El propósito era explorar la posibilidad de establecer un organismo semejante al IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), que proveyese información científica útil para la toma de decisiones a los países miembros del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD), ya que su órgano asesor científico y tecnológico (SBBSTA) estaba —y sigue— empantanado en un marasmo de agendas políticas nacionales e intereses regionales que nada tienen que ver con la asesoría científica requerida. La muestra más patente —y triste— de esa ineficacia es que en este año, a 20 del establecimiento de CBD, no se ha detenido el ritmo de pérdida de biodiversidad en el mundo y se ha acelerado prácticamente en todas las regiones. Sin embargo, hay nuevos vientos de cambio en la conducción de CBD que esperamos constituyan una nueva y más fructífera etapa.
Quienes formamos parte de ese original esfuerzo del gobierno francés trabajamos por tres años tratando de visualizar un modelo de organismo eficiente, independiente de Naciones Unidas, pero con un reconocimiento intergubernamental que permitiese la aceptación por parte de los países de la información y los resultados producidos por el organismo. Al final de esos tres años la iniciativa fue retomada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA); después de cinco reuniones culminó con un evento final en la ciudad de Panamá, en la semana del 16 al 21 de este mes, en la que se decidiría la suerte de ese organismo y en la que participaron delegaciones de 92 países.
El propósito de todas esas reuniones fue diseñar un organismo científico cuyos resultados o hallazgos no fuesen vinculantes, que generase información científica independiente y pertinente para dos finalidades: la realización de evaluaciones globales o regionales del estado de algunos ecosistemas (v.g., los arrecifes coralinos) o algún componente de los mismos (v.g., el estatus global de los polinizadores) y la realización de estudios sobre la biodiversidad en un país que no tiene el conocimiento sobre la misma o la capacidad científica o tecnológica para obtenerla.
El camino en esa semana fue tortuoso. Siguiendo la costumbre de muchas reuniones intergubernamentales, la mayoría de las delegaciones no tenían personal científico conocedor de la temática; además, un grupo de países venía a forzar agendas políticas de diversa naturaleza y ejercían lo que en la jerga parlamentaria se conoce como filibusterismo: empantanar los asuntos hasta reventarlos. La tensión llegó al grado de que si no hubiese sido por una propuesta alternativa de parte de la delegación mexicana, literalmente en los últimos 30 segundos de la reunión, para resolver un desacuerdo irreconciliable entre la delegación estadounidense y el bloque de países de África, la plataforma no existiría hoy como ya existe, con su secretariado ubicado en Bonn por elección muy competida durante la reunión. La plataforma es independiente de Naciones Unidas; el PNUMA y otros organismos podrán administrar su funcionamiento.
Hay una nueva y buena herramienta que potencialmente permitirá no sólo la generación de conocimiento adecuado para resolver problemas de conservación y manejo sustentable de la biodiversidad en el mundo, sino de manera muy importante podrá capacitar personal en los países que no han tenido la oportunidad, como el nuestro, de contar con organismos dedicados al conocimiento, a la conservación y al uso sustentable de la diversidad biológica. La Conabio podrá jugar un papel importante en este proceso.
Investigador emérito de la UNAMy coordinador nacional de la Conabio
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