Entre Nos
Mamá
Cuando uno está en esos momentos llenos de nostalgia familiar, llegan a la mente muchas cosas, y obviamente, tú, madre, eres lo más significativo, porque en torno a tu persona giran muchos sentimientos y pensamientos.
Y es que, estar sentado en el sillón favorito de tu hermano, en su lejana casa, añorando a la familia, se convierte en un anhelo y un viejo sueño: recuperar a cada uno de los miembros de nuestra atípica “pequeña sociedad”, al coste que sea.
Sin embargo, quiero decirte que he estado recordando mucho las palabras tuyas que llenaron mi vida de satisfacciones, de coraje, de anhelos y de un espíritu triunfador que todos los que conocemos te hemos copiado, en la mayoría de las ocasiones, con un gran éxito.
¿Sabes, madre, que estaba pensando después de comer este día? Precisamente que dentro de unas horas podré decirte muchas cosas y abrazar tu corazón para compartirlo con mis hermanas y con quien se una al festejo. Madre, palabra tan corta y ¡tan extensa!
Porque llegar a serlo no es embarazarse y dar a luz, no es acudir al festival o a la graduación de tus hijos; ser madre, queridísima mía, es más, mucho más, y puede equipararse sin temor a equivocarnos, a la función que llevan a cabo los ángeles de Dios, porque son ellos los que guían, cual verdaderos guardias, a cada uno de sus hijos en este mundo.
Vienen añoranzas de aquel jardín de niños del que existen muy pocos recuerdos, quizá porque fue una difícil etapa o porque no la pudimos disfrutar como niños con una familia normal, pero las experiencias en las primarias que cursamos tienen su historia… y en cada capítulo aparece tu figura que nos señala algo, nos recuerda o nos hace reaccionar.
El diez de mayo, para mí ha sido especial en mis primeras etapas de vida, porque era el momento de hacer algún trabajo manual para agradar tu presencia: recuerdo aquel porta pañuelos desechables de triplay, que pinté cuidadosamente en la primaria y le puse un poco de pintura metálica y barniz, para ofrecértelo como la ofrenda a tus sacrificios. O también, recuerdo cuando canté aquella melodía que, aún con mi desentonada voz te emocionó en la primaria y que decía “para cantarte a ti, madre querida, que eres el ángel bueno de la vida; tiembla mi corazón para decirte, que tu nombre es amor, amor, amor…”
Y seguían algunas otras estrofas que mi corazón cantaba. Hoy en día, pareciera que festejar a las que, como tú, son madres, es un acto reflejo de compra de enseres o un celular de moda, una blusa o algo que pueda pagar cualquier tarjeta de crédito. El dinero, madre mía, nunca hará lo que mis pequeños e inexpertos dedos hicieron de aquella cajita que recuerdo aún, para tus pañuelos faciales.
Sin embargo, la distancia es una cruel enemiga y nos mantiene, aunque cerca en corazón, siempre lejanos físicamente. Añoro, como cualquiera de nosotros, tener la oportunidad de verte más seguido, de abrazarte o regalarte un beso cada día domingo aunque sea. La situación del país nos ha robado la oportunidad de compartir momentos familiares, y eso es lo que más me pesa: por eso quiero que termine este sexenio y sus ocurrencias.
Pero siempre he sentido que tú existes no únicamente el 10 de mayo sino todo el año, y eso ha quedado constatado en tu corazón y el mío, por lo que, esta charla que pretende convertirse en una amorosa carta no tendrá quizá mucha razón.
Tú y yo, Iola querida, madre de todo mi corazón, hemos estado siempre unidos, y hoy no será la excepción.
Y cuando el Supremo Creador decida separarnos, mi querida y amada Iola, ten la certeza que nuestras almas y corazones estarán contentos por habernos disfrutado hasta el último de nuestros alientos.
Te amo, Iola Daphne, con todo lo que soy. Gracias por haber convertido a aquel pequeño ser en lo que hoy represento. Tú eres la causante de todo. Te bendigo hoy y siempre.
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