Confidencial
Los daños colaterales
PRESIDENTE FELIPE CALDERÓN:
+”Ascenso vertiginoso de
hermana de Josefina”
Periódico 24 Horas
MÉXICO, D. F. Debo suponer que para usted y su estado mayor en la guerra (me quedo con su primera denominación) contra el narcotráfico, a los periodistas asesinados por esta sinrrazón les consideran, de acuerdo con el frío lenguaje de la guerra, "daños
colaterales"…
Diplomática forma de evadir -o al menos intentarlo- responsabilidades por tratarse de simple causa de la fatalidad, generen, al menos en México, país no belicista hasta hace escasos seis años y ___ meses, estaba y sigue poco informado sobre como son las cosas de la guerra.
La cosa es diferente en los países históricamente guerreros. Entre ellos, el que pierde, paga. Y paga todo.
Le transcribo, presidente, solo algunos párrafos de un reportaje que no tiene desperdicio, publicado por la revisa _________ de _________, que es otra manera de leer como nos ven. Dice:
En México y Centroamérica los carteles de la droga han asesinado a más de 140 periodistas desde 2000. SEMANA viajó a Nuevo Laredo, en la frontera con Estados Unidos, donde los comunicadores tienen que defenderse… hasta con armas.
Una escopeta negra, seis cartuchos rojos y un chaleco camuflado. Esto es lo primero que se encuentra al entrar a la residencia del periodista René Martínez. Son las diez de la mañana en Nuevo Laredo, una pequeña pero importante ciudad en el noreste mexicano. A pocas cuadras corre el río Bravo y, en la otra orilla, está Estados Unidos. Diariamente miles de convoyes de carga pasan la frontera, cientos de migrantes ilegales llegan para cruzar el río. Nuevo Laredo es también tierra de narcos, contrabandistas y traficantes de personas.
A Martínez le cuelga un cigarrillo de los labios. En una mano sostiene un café mientras con la otra señala la escopeta calibre 12. "La compré cuando llegué a la ciudad por un amigo que me advirtió: 'probablemente la vas a necesitar'", dice. "Tenemos ya ocho meses sin Policía y debo protegerme". Hace 48 horas, un carro bomba estremeció la ciudad en pleno día y mató a diez personas. Los reporteros corrieron al lugar pero lo que recolectaron nunca se publicó. "A ver", dice Martínez mientras abre un diario local. "¿Dónde está el eco del bombazo? ¡Nada!". En su cara se dibuja el drama. "Los periodistas nos hemos acostumbrado a callar".
Fotos como la de la carcaza calcinada del carro bomba yacen inéditas en archivos de medios a lo largo y ancho de México y Centroamérica. También han sido registrados ataques con granadas, desapariciones y secuestros masivos. Pero la prensa ha optado por callar, pues el precio por cubrir la guerra contra el narcotráfico es demasiado alto. Reporteros y editores comienzan sus jornadas sin saber si regresarán a casa. La violencia de los carteles ya deja más de 140 comunicadores muertos o desaparecidos desde 2000. Los han colgado de puentes, mutilado, descabezado, torturado o extorsionado. El jueves, los cadáveres de tres reporteros gráficos aparecieron en Veracruz. Pocos días antes, la periodista Regina Martínez, corresponsal en esa ciudad del semanario Proceso, fue hallada muerta en su bañera en Jalapa. Y en abril, sicarios asesinaron al presentador Noel Valladares en Honduras.
Como usted ve, estas so algunas consecuentes de los "daños colaterales" que la guerra contra el narcotráfico ha provocado en el mundo periodístico mexicano, que a tan sana distancia ha sido manteniendo de su administración. Además,
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