Un round de sombra
Hace un par de días el periódico Reforma organizó un debate entre tres de los cuatro candidatos a jefe de gobierno. Fue un round de sombra. Un debate light, en contraste con el debate que vimos de los candidatos presidenciales, y los debates que entre candidatos al GDF hemos visto en otros años. Pocos ataques, y poco rebate. Hubo momentos con discusiones interesantes de políticas públicas y los estilos de las y el candidato quedaron bien expresados.
Hasta el momento no se vieron ataques y respuestas como las de Alfredo Del Mazo y Cuauhtémoc Cárdenas en 1997 (Cárdenas siendo el puntero se negó a que estuviera presente el candidato del PAN, Carlos Castillo Peraza). Nada cercano a las acusaciones que se hicieron sobre sus gestiones como gobernantes, sus relaciones familiares, y la legislación que habían promovido (Del Mazo siendo gobernador del Estado de México promovió una ley para sancionar a quien criticara al gobernador. En serio.)
Tampoco se pareció al debate, en el 2000, entre los entonces candidatos Andrés Manuel López Obrador, Santiago Creel, Jesús Silva-Herzog Flores y Tere Vale. Ese debate fue particularmente entretenido, casi todos eran políticos con experiencia debatiendo y hablando en público. Se criticaron por sus pasados particulares. Con algo de retórica, hablaron de los gobiernos en los que habían participado, y sobre las posiciones de sus respectivos partidos.
López Obrador (aunque no sacó una foto de Salinas y Silva-Herzog) insistió en que había sido parte de su gobierno. Silva-Herzog lo acusó de tomar pozos y traer conflictos de otros estados a la ciudad. Creel se tuvo que defender por su votación como legislador para aprobar el Fobaproa-Ipab. La peor intervención del debate fue la de Tere Vale, en la que básicamente dijo que López Obrador, por su acento tabasqueño, hablaba con faltas de ortografía.
Este debate se pareció un poco al de Beatriz Paredes, Marcelo Ebrard, y Demetrio Sodi.
Sin embargo los papeles cambiaron entre el PAN y el PRI. En 2006, Paredes podría no haber estado ahí. Sus intervenciones se sumaron a las de la chiquillada (como se les decía a los candidatos de partidos pequeños), y el debate fue sobre todo entre Sodi y Ebrard.
Se atacaron y sacaron documentos. Sodi y Paredes hablaron mejor, pero Ebrard se pudo defender (y atacó a Sodi por la votación del PAN en el Fobaproa-Ipab aunque Sodi se desmarcó fácilmente porque pues aún era perredista). Sodi, experredista, candidato del PAN conocía la ciudad y criticaba con detalles la gestión de López Obrador. Ebrard se defendía con los logros del gobierno saliente y asociando a Sodi a los errores del gobierno de Fox.
En el debate de antier, si hubiera estado la chiquillada, las intervenciones de Isabel Miranda la habrían nutrido. Fue más bien una discusión de dos. No del todo un debate, pero sí un intercambio. Mancera pescó a Paredes en el problema que siempre ha tenido.
Siempre habla de grandes planes, de proyectos integrales, de visiones de largo plazo.
Pero en esa retórica, le falla la capacidad para hacer que se puedan imaginar como actos concretos de gobierno. ¿Lo mejor es un gran plan para el suministro de agua y un gran plan para el transporte público? ¿No es más difícil eso que hacer pequeñas modificaciones considerando las oportunidades existentes?
Mancera la libró porque logró pasar de la complejidad del detalle de la administración pública a la retórica de campaña, sino porque a sus adversarias se les olvidó que fue funcionario del GDF. Lo dejaron ir como si fuera un candidato llegado desde el vacío. Él no tuvo que defenderse, pero de hacerlo podría haber buscado contrastes con la gestión de Paredes como gobernadora de Tlaxcala.
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