Interludio
Obrador te defiende, Josefina
Obrador se solidariza con Josefina, miren ustedes. No le gustó el trato que le dispensaron a la mujer los rabiosos periodistas de Tercer Grado. ¿Qué le dijeron, qué le hicieron, qué le atizaron? Pues, nada del otro mundo, amables lectores. Ciro, creo, le informó, por si no hubiera estado enterada, de que Peña la sacaba a ella una ventaja de algo así como veinte puntos y, vistos sus recientes desempeños, de que a lo mejor quedaba en tercer lugar, por debajo del candidato de las izquierdas. Los otros participantes le cuestionaron algunos asuntos cuestionables y la confrontaron a cosas confrontables. Nada más.
Pero Obrador, que todo lo que pasa lo refiere y lo relaciona de inmediato con su augusta persona en un proceso de desatado egocentrismo, galopante megalomanía y exacerbado narcisismo, se visualizó él mismo de inmediato ahí, en el antedicho programa de televisión, obligado a responder preguntas incómodas y afrontar a tipos inquisitivos. Está claro que no le gustó nada el escenario a nuestro personaje.
Ah, pero de lo de Peña en la Universidad Iberoamericana, pues, ni pío. Nada. Ni media palabra. Y es que su negocio, el de Obrador, es el manejo de las turbas vociferantes. Ahí, en la circunstancia de que una pandilla estridente y alborotadora se manifieste, ahí está la verdad del “pueblo bueno”, ahí está la prueba fehaciente de que los mexicanos están descontentos y de que, llegado el momento, puedan inclusive elegir a un tal “presidente legítimo” así nada más, a dedo alzado, sin mayores trámites legales y sin tomarse la molestia de consultar a los otros, a todos aquellos que no se encuentran reunidos, en ese preciso momento, en una plaza pública.
Es una idea muy particular de la democracia, desde luego, circunscrita a un asambleísmo callejero combativo y esencialmente estridente. Pero, para efectos prácticos, funciona muy bien que a Peña le suelten “cobarde”, un epíteto que nunca escuchamos en Tercer Grado, y que la agraviada necesitada de solidaridades, curiosamente, sea Josefina. Ah…
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