Entre Nos
Estudiantes
En México somos especialistas en celebrar o festejar todo lo que nos rodea; la parte del mexicano que no se dobla ante las adversidades da vida a la risa aún con la muerte de frente, y claro ejemplo lo vivimos con uno de los grandes de la plástica: José Guadalupe Posada. Su “catrina” ha recorrido el mundo desde siempre.
Recordamos que hace muchos años tuvimos en nuestras manos un “calendario nacionalista”, que marcaba todas las fechas célebres, los festejos que habría que considerar: la madre, el padre, el niño, el amor y la amistad, la secretaria, el compadre… y obviamente, el estudiante.
Este 23 de mayo se llevaría a cabo la celebración del “día del estudiante” y vinieron a la mente muchos pensamientos, algunos, ligados a nuestra vida estudiantil en los tres procesos que marcaron nuestra vida, y otros más, estrechamente ligados a nuestros estudiantes, nuestros alumnos: esa parte de vida que nos permite sentirnos vivos, valga la redundancia, y que nos da el entusiasmo para seguir aprendiendo… para poder enseñar o compartir algo.
Somos de la idea más de compartir que de enseñar: enseñar suena muy soberbio, porque no somos el ser humano del que pudiera aprenderse gran cosa. Compartir lo que hemos aprendido y vivido es una de las maravillosas cosas que la vida nos entrega a diario.
Poder abrir un libro, leer algún artículo científico o preparar una pieza para su publicación es parte de nuestra vida cotidiana –no rutina, porque la rutina mata, nos lleva a la mediocridad-, y mejor aún cuando lo podemos compartir con esos seres humanos que período a período están ahí, en cada uno de los pupitres, esperando aprender algo de nosotros.
Compartimos lo que nuestra experiencia y años nos regalan a diario, lo que leemos y lo que pensamos que será útil en sus vidas, de ahí la importancia de saber que hay estudiantes que estudian, que aprenden todos los días.
Nunca se deja de ser estudiante y eso lo tenemos muy claro. Todo momento es propicio para aprender más aún.
Recordamos nuestra última etapa de estudiantes, con los profesores que nos permitieron avanzar y aprender: Xosé Ramón Pousa, Xosé López, Miguel Túñez, Marcelo Martínez, Marita Otero, Margarita Ledo y muchos más, quienes nos regalaron parte de su valioso tiempo para que pudiéramos seguir creciendo en esto del aprendizaje.
Mención especial merece Montse Quezada, quien nos permitió aprender de ella no únicamente su vasta y prolífica experiencia dentro del campo de la entrevista sino aprender de ella su enorme calidad humana. De igual manera, gente como Alejandro Alvarez, José Manuel De Pablos, Ramón Zallo Elguezabal, Carlos Arcilia Calderón y todos esos personajes que nos permitieron aprender de sus experiencias científicas. No hay precio para lo que nos han regalado cada uno de ellos, es por eso que recordamos a todos estos seres humanos.
Y no olvidar la vida de estudiantes en aquellos años de primaria, secundaria o preparatoria, en la facultad o la maestría, en la vida misma. Somos y seguimos siendo estudiantes de la más difícil carrera de la vida: el ser congruentes con nosotros mismos, sencillos, francos y saber compartir lo que la vida pone en nuestro camino.
El día del estudiante es propicio para recordar a todos esos seres humanos que han pasado por nuestras aulas, con el deseo de que hayan podido llevar a su experiencia personal algo útil, algo que será parte de las muchas herramientas que utilizarán en su vida profesional.
¿Festejo? El mejor que podemos vivir es el ver a los muchachos que estuvieron ahí, convertidos en seres productivos, y el otro, tan grande como el primero, el recuerdo a nuestros profesores, por habernos permitido ser estudiantes de tan especiales y maravillosas personas.
Un día del estudiante que hay que recordar y vivir, sin duda alguna.
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