El manantial de la memoria
Hay días maravillosos en los que los recuerdos de tiempos pasados se amontonan uno tras otro en nuestra mente.
No es porque se busquen a propósito tales remembranzas, sino que llegan sin que nuestros cerebros las hayan llamado, como hojas sueltas de un libro que nos dejó un bello recuerdo, que llenó nuestras mentes de admiración hacia un autor o hacia alguna obra literaria cuyo creador desconocemos o conocemos tan bien que anhelamos agotar cuanto haya salido de su mente.
“La impotencia del Talento engendró la Omnipotencia de la Fuerza”… “Ya no hay Patria, pero aún hay tiranía: ésa es su obra”… Y podría seguir y llenar renglones y más renglones con la crítica implacable del prolífico escritor colombiano que escribía con igual fuerza y dureza sobre los viejos y los nuevos gobernantes de su país, aparte de las acres críticas “históricas” (se podría decir) a gobernantes de muchos países de “nuestra América”, de los cuales no se excluye el nuestro, aun cuando quien ocupa el alto sitial llegó a él en forma fraudulenta y se empeña en presentar al país como un paraíso turístico y hasta osa hacer promociones disfrazado de buzo, de escalador de montañas y hasta de jinete experto (según él) pensando que con ello, los ojos del mundo no verán lo que pretende ocultar, no sólo la miseria, el desempleo, el hambre, la injusticia que por décadas han asolado a México, también lo que está ocurriendo día a día en todo el país.
Defensores de derechos humanos que se ven obligados a dejar el país por las amenazas de muerte, como el padre Alejandro Solalinde; reporteros e informadores secuestrados y asesinados por decir la verdad; líderes de sindicatos que hacen ostentación en internet de lo corruptos que son, sin que nadie les toque un pelo por ello y a quienes habría que preguntarles quién mandó desaparecer a Hilario Vega Zamarripa, líder sindical petrolero en Cadereyta, y a su hermano y a su cuñado y a otros 30 trabajadores, que, a decir de sus compañeros, por estatutos, sería el sucesor del mismo Carlos Romero Deschamps; miles de desapariciones posteriores a las detenciones hechas por las Fuerzas Armadas y policías de reciente creación; cadáveres mutilados por todo el país.
A pesar de todo esto, en el pueblo vive la esperanza de que esta era de terror tiene que terminar y saben que solamente ellos, el mismo pueblo, lo podrán lograr. Me colma de dicha el saber que durante tres días consecutivos los jóvenes salieron a las calles del DF, Tlatelolco y plazas del país entero a manifestar su interés y su compromiso de lucha por el necesario cambio en este país.
Nosotros, familiares de desaparecidos políticos, hemos contado siempre con el apoyo solidario de la juventud que en todo tiempo ha luchado a nuestro lado por los nuestros. Los primeros en dar apoyo a huelgas de hambre, marchas y plantones fueron estudiantes de las universidades públicas, que nunca nos dejaron solas y, preciso es decirlo, la gran mayoría de nuestros desaparecidos políticos y de los actuales son jóvenes llenos de honradez y bondad. La historia de la lucha por su libertad, anhelamos que esté siempre presente en la memoria del pueblo mexicano, por lo que decidimos hacer un museo que muestre la historia que los malos gobiernos no querrán que se conozca, al cual hemos llamado “Casa de la memoria indómita”, porque nunca podrá gobierno alguno domeñarla.
Dirigente del Comité Eureka
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