200 kilómetros con un cadáver y un ladrón
Venía dormido y escuchó el grito: “Luego uno de los asaltantes me quitó mi cartera y mi teléfono... Alguien que estaba frente a mí nos pidió auxilio y entramos a ayudar, creo que fue él quien arriesgó más su vida; cuando se dio cuenta que no estaba armado es cuando pidió auxilio y reaccionamos. Yo no sé cómo falleció el asaltante, no fue linchamiento, todos fuimos víctimas... Por fortuna no había niños, hubiera sido más difícil manejar la situación”.
El grito en el interior del autobús de la línea Futura que salió de Durango, hizo escala en Torreón y se dirigía a Monterrey, despertó a los pasajeros pasando Paila, a unos 120 kilómetros de Saltillo.
Eran las dos de la mañana del jueves. La misma llave Stillson con la que amenazaba fue el arma que le quitó la vida. Es probable que el asaltante haya quedado muerto desde el inicio, tras el golpe. Por si las dudas le ataron las manos con las agujetas de sus propios zapatos. También a uno de sus cómplices, que quedó herido, sometido y amarrado a bordo.
Un tercer asaltante obligó al chofer a detener el autobús con un arma de fuego que nunca disparó. Al día siguiente el Ministerio Público de Nuevo León no descartaba que fuera de juguete. Pero el ladrón se bajó amenazando: algunos kilómetros adelante, morirían todos.
El resto del viaje debió ser otro infierno. 200 kilómetros con un cadáver, un ladrón herido y una amenaza de muerte. Unas dos horas, tal vez de discusiones cruzadas y de decisiones: dónde parar, qué decir, a quién involucrar, cómo manejar esa muerte por fractura expuesta de cráneo.
Hasta la entrada a Monterrey, en Santa Catarina, hicieron alto frente a las patrullas de la Policía Federal... El ladrón lesionado fue llevado al Hospital Metropolitano en calidad de detenido, el cadáver al forense y los veintinueve pasajeros, junto con el chofer, a la Dirección General de Investigaciones.
Al principio nadie daba los detalles de la muerte del asaltante. Durante el interrogatorio uno a uno todo se fue aclarando. Y se fue dibujando la delgada línea en la que se mueve la autoridad en estos casos.
No es solo una defensa legítima, también es una demostración de hartazgo ante una situación donde rifa la impunidad y, precisamente, brilla la autoridad por su ausencia. Ni pueden alentar el linchamiento, ni lo pueden desalentar. No pueden castigar ni felicitar. Solo pueden recordarse a sí mismos que ellos y las autoridades de otros estados, otros niveles y otros momentos, no han hecho la tarea.
Los treinta del autobús fueron retenidos durante 17 horas. Declararon uno a uno. Todos salieron a las nueve, salvo siete que permanecieron hasta la mañana siguiente. El expediente quedó abierto.
Justo en ese momento llegaba la noticia de que un autobús haba sido asaltado en la carretera México-Querétaro. Dos asaltantes muertos. Todos los pasajeros se habían ido.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|






