#YoSoy132.. poder de protesta, libertad y frustración
1. Y bien. Aquí estamos los adultos (unos viejos, otros no tanto) opinando acerca de las protestas de estudiantes universitarios (unos tanto, otros no tanto), principalmente de universidades privadas, con creciente (y desfigurante) participación de jóvenes de la UNAM y el Poli. De entrada, un prejuicio potenciado por el statu quo; los mayores pontificando, más experimentados (?), más sabios (?), más esclarecidos (?), avalados por trayectorias periodísticas, académicas, intelectuales y espacios en los medios, la cátedra u obra acumulada nos sentimos y creemos con la autoridad y contamos con los instrumentos de poder para juzgar a los jóvenes, sus reacciones, sus ideas, sus modos de protestar, su inexperiencia, su ingenuidad, su frescura, su idealismo, sus esperanzas…
El coro fácil de quienes, en obligado libreto, ya vamos haciendo mutis; buena dosis de hipocresía, secreto resquemor por los que entran a escena, son mediáticamente reconocidos y políticamente cortejados. Felicitaciones, ánimos: “son la esperanza del país”, “sóis la sal de la tierra” —entreverada voz jesuítica— ¿”y si la sal se vuelve insípida…”?
2. Y súbitamente descubrimos que no solo de votos vive la democracia. Que las campañas de 2012 son soporíferas, pese al esfuerzo de sus animadores mediáticos; los candidatos presidenciales de relieves bajos; las propuestas enrevesadamente mediatizadas y continuistas; que la más contrastante —AMLO— resulta la más inverosímil; que el hartazgo, el aburrimiento y el disgusto por no ser tomados en cuenta y el festivo rechazo de los muchachos dice —acaso— algo relativo a la ira y la tragedia de otros jóvenes distintos a ellos y que son muchos más.
Esta parte minoritaria de la juventud (sub)dorada, urbana, pudientes de sólida clase media (no aspiracional como la contabilizan ahora), ilustrados, tecnológicamente capacitados, conectados a las redes (celulares con acceso a internet), relativamente politizados aunque plurales; con —hasta ahora— preocupaciones principales centradas en que las empresas de comunicación de masas ofrezcan información “objetiva” y que no vaya a ganar el candidato más mediático y favorito de las encuestas, puesto que es del PRI y a esos hay que sacarlos de Los Pinos para siempre jamás.
No es pertinente hipostasiar al movimiento #yosoy132 con la juventud del país. Son un sector nada más. Mediáticamente bonitos y simpáticos. Nada que ver con los millones de jóvenes campesinos pobres, los migrantes, los informales, los ninis, los de la bandas y los barrios, los enrolados en el crimen, los jóvenes sicarios y —con fiereza simbólica— el casi 85% de los 60 mil muertos que son jóvenes o adultos jóvenes. Son también distintos de los estudiantes de las universidades públicas, las normales, los tecnológicos, todos diferentes en ingreso, cultura, intereses y aspiraciones. En las universidades de masa, la UNAM, la UAM o el Politécnico de seguro encontrarán sectores con relativa afinidad cultural y social, más politizados, inclinados a la izquierda y mayoritariamente simpatizantes de AMLO; en algún momento, probablemente, los grupos más radicalizados, cercanos a los movimientos de furia (Atenco, EZLN) y/o a grupos proclives a la lucha armada, se acercarán al movimiento para capitalizar políticamente lo que puedan (visibilidad, votos, víctimas, banderas…).
3. En estos episodios siempre aparece el viejo Marx. Cuidado —suele decir— que los hombres no hacen lo que creen que hacen. Su práctica, sus discursos, sus repertorios tácticos, sus intenciones, sus estilos, sus propios intereses, son sobredeterminados, sujetos a manipulación, chamaqueados. Inevitable. No debe inhibir su actuación, ni menoscabar su idealismo. Así es la cosa, el frentazo con la terca realidad. Primero es la experiencia, luego la reflexión sobre lo hecho, la teoría; primero la voluntad democrática, las aspiraciones y los sueños: “México libre, próspero y justo —dice su Pliego petitorio— sin miseria, pobreza, desigualdad y violencia; democratización de los medios de comunicación y denuncia del sistema político-económico que no responde a las demandas de los mexicanos”. ¿Ingenuo, vago, genérico? Seguramente (no se los redactó Santiago Levy…).
Pero no importa. Lo significativo es la experiencia indeleble del poder de protesta que emplaza al reconocimiento; la emoción inolvidable de la libertad —ese territorio sagrado— que afirma, elige y se hace responsable. El núcleo potente e íntimo de lo político y su travesía de lucha, palabras, sueños, éxitos efímeros y —también— de frustración, amargura, coraje y el descubrimiento superior del escepticismo. Nuevas generaciones, nuevos ciclos, jóvenes y sus ritos de iniciación política. Educación político-sentimental que diría Flaubert o Lenin.
FCPyS-UNAM. Cenadeh
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