Crónicas urbanas
El operativo que crispó a La Merced
El runrún penetró en cuartos de hoteles y culebreó por calles de La Merced, el viejo arrabal de añeja prostitución, y se aceleró de boca en boca cuando varias sexoservidoras supieron que la incursión, ya encima, estaba relacionada con denuncias sobre trata de personas y corrupción de menores. Con ellas no era el problema, pero lo tuvieron.
Y hubo resquemores.
Esta vez la policía tenía permiso para husmear en el hotel Roma, situado en el número 73 de la calle Rosario, pues había la certeza de que allí laboraban niñas, dos de ellas hondureñas. El inmueble era, es, propiedad de la misma familia que regentaba el callejón de Manzanares, donde por lustros un grupo de mujeres mostró sus cuerpos frente a una ávida clientela.
El popular callejón, también conocido como La Pasarela, con cuartuchos a tiro de piedra, sería expropiado por el Gobierno del Distrito Federal, después de indagar la presencia de adolescentes en ese predio. La incursión policiaca borraría de la geografía urbana un escenario de abierta prostitución. Un asunto similar a otros.
Y ahora el hotel Roma estaba en la mira de la Procuraduría General de Justicia del DF, que había realizado una labor de inteligencia sobre casos de trata y explotación de niñas. Tenía en la lista de presuntos a Christian, Hugo, Rubí y La Shakira.
Fue el pasado jueves 17, a las 12:30, cuando un grupo de agentes, peritos y ministerios públicos, acompañados de policías preventivos, iniciaron cateos y detenciones, con la intención hacer una liberación masiva.
Allí, en la recepción del hotel Roma, estaba La Shakira, de 24 años, quien dijo que los encargados del negocio habían salido, tras enterarse de que habría un operativo en el hotel Hispano, y reveló que uno de ellos, Christian, le habían hablado por teléfono para que se hiciera cargo de la recepción, y que “corriera a las chicas” que estaban en el interior y cerrara el inmueble.
También le dijo que acordarían una cita con Hugo, el otro administrador. Poco más tarde, cuando se volvió a comunicar, los investigadores escucharon que Christian ordenaba a La Shakira que llevara “la cuenta” y las llaves del hotel a la estación Moctezuma del Metro, donde más tarde fue detenido Hugo, quien en ese momento recibió una llamada de Christian, que lo citó en la estación Zaragoza.
Los investigadores se trasladaron al lugar, pero no estaba Christian, sino Rubí, quien dijo que aquél la había citado en la estación Gómez Farías, y hacia allá se dirigieron los sabuesos, y fue apresado Christian, de 28 años.
Además, Hugo, La Shakira y Rubí.
La procuraduría ya había detenido a La Negra, de 30 años, que, “en su momento, quedó bajo investigación en el Centro de Arraigos”, para más tarde, “integrado el expediente, la consignó ante el juez penal del Centro de Readaptación Femenil de Santa Martha Acatitla”.
Como parte de las pesquisas, añade el informe, la Fiscalía Central de Investigación para la Atención de Delitos Sexuales “estableció una red de vínculos entre los casos Manzanares, Santo Tomás y el hotel Roma, por lo que solicitó a la autoridad judicial orden de cateo”.
***
Pero el pasado lunes un grupo de sexoservidoras, que atiborró las oficinas de Brigada Callejera, se quejó de algunos excesos del operativo. Estaban ante visitadores de la Comisión de Derechos Humanos del DF.
En los pasillos y el interior del 115 de Corregidora, domicilio de esa organización civil, se escucharon diversos testimonios: desde las que se quejaron de que el operativo las obligó dejar a sus pequeños, o que les quitaron sus teléfonos celulares, donde tienen los números de clientes, hasta aquellas que no dramatizaron; incluso hubo una, Petra, que habló de compañeras suyas que, lo dijo con pasmosa franqueza, por gusto tienen a sus papis —padrotes—, pues “ellos también desgastan su físico y su labia. ¿O no?”
—¿Entonces sí los hay?
—La que tiene padrote es porque quiere; cuando se las bombean, ellas les entregan el dinero; pero cuando a las putas ya no nos gustan los cabrones, o cuando saben que tienen otras “carnalas de leche” —hablaba en plural, pero niega tener protector—, los entregan a la policía. Es la verdá, ¿a poco no, manita?
—¿Y de las menores de edad?
—Lo de las menores es otro pedo. Ahí ni cómo ayudar a nadie —respondió esta mujer de baja estatura, cintura de avispa y muy avispada.
***
El jueves, 17 de mayo, el operativo no solo abarcó el hotel Roma, aseguran trabajadoras sexuales, sino el Veracruz y el Hispano. De las 13:00 a las 23:00 horas fueron atendidas y entrevistadas por policías y especialistas de la Procuraduría General de Justicia del DF.
—A mí me quisieron quitar el celular, pero no se los di —declaró la que traía un cocker de rizos blancos—, pero otras sí lo hicieron.
—¿Y luego?
—En el búnker —dice otra trabajadora sexual, refiriéndose a las oficinas centrales de la PGJDF —nos dieron ropa, agua y de comer. Nos pusieron una abogada.
—¿Y qué buscaban?
—Supuestamente a tres chicas que pusieron una demanda contra Christian, La Shaquira y La Chona. Querían saber si otra chica ponía otra demanda.
—Yo —ironizó otra joven piel canela y pupilentes aceitunados— trabajo para mis hijos. Me preguntaron si alguien me cuidaba. Yo les dije que no, pero si sabían de alguien, que me lo presentaran.
—También nos pusieron una psicóloga. Una policía —recuerda otra— me llevó unos pingüinos porque era mi cumpleaños.
—Yo les di mi teléfono, porque no tengo nada que esconder, y me lo regresaron; hasta me ofrecieron comida y una muda de ropa —relató otra.
—Yo le enseñé mi credencial —dijo Rubí, de 45 años, del Hispano—, pero una del Roma les dijo que yo también trabajaba ahí y por eso me levantaron; otras señalaban desde la micro.
—Ya sabes que cuando te agarran —aseguró Amalia— no te devuelven nada. Ni aretes, ni celulares ni carteras. Yo tengo a mis clientes que llaman de Toluca. Imagínate que quieran chantajearlos.
—¿Pero sí había menores?
—Hubo trabajadoras sexuales que desde el inicio del operativo pensaron que había menores de edad en el hotel Roma —agrega Jaime Montejo, vocero de Briagada Callejera.
—Yo, como ando así —dice Paola, de pantalón de mezclilla y sin escote—, no me llevaron. Había dos camionetas en Santa Escuela, otras dos en Rosario, dos más en Circunvalación y Corregidora. Eran unas 100 personas, la mayoría de civil, entre hombres y mujeres.
—Yo estaba en el Hispano —cuenta Aída— y una señora me agarró mi brazo, me dijo que era un operativo de rutina.
—A las chicas del Roma no las queremos, porque por ellas se llevaron a muchas chavas que no tenían vela en el entierro y porque todas sabemos lo que allí ocurría —argumenta Inés, de 27 años.
—Cuando reaccionamos ya estábamos rodeadas. Era un camión y empezaron a bajarse un chingo de cabrones. Nada más me dijeron: “Operativo, súbanse” —dice Fernanda.
—Mis únicos padrotes son mis hijos. Con un salario mínimo no los
podría tener en la escuela, ni bien comidos ni vestidos. Nadie me tiene a la fuerza. Yo te vendo un poquito de placer, te lo rento; no es para que te lo lleves —dijo Aura, de 39 años.
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