Agenda de la protesta estudiantil
Hasta ahora prevalecen dos ejes temáticos en el movimiento estudiantil. El primero es el antipriísmo, el antipeñismo, que a muchos ha dado esperanza de que provoque un vuelco en las tendencias electorales. Pero, además de que no se sabe si ese antipeñismo es compartido por el grueso de la juventud (los 13 millones que votarán presidente por primera vez), los estudiantes no proponen una acción concreta para impedir que Peña triunfe. Es un movimiento apartidista, no apoya un voto útil a favor de Vázquez Mota o López Obrador (como lo reflejó la vergonzosa reprimenda a Paco Ignacio Taibo II cuando intentó hacer propaganda por Andrés Manuel). Entonces el movimiento parece un microcosmos de lo que ocurre en la sociedad: un antipriísmo mayoritario que, sin embargo, se divide entre panistas, perredistas e indecisos y anulistas. Ese antipriísmo no presenta opción que lo aglutine.
El otro tema es la democratización de los medios. De esa veta puede haber resultados más concretos, sobre todo si el movimiento continúa tras la elección. Pero falta precisar qué y cómo democratizar el sistema de medios. Se pide, genéricamente, la democratización de los medios, que implica equidad e imparcialidad. En principio, sería deseable esa imparcialidad, pero es un tanto utópico y excesivo. En la mayoría de países democráticos se ve normal que los medios adopten causas, tengan tendencia ideológica y respalden en congruencia a ciertos partidos y candidatos. Y eso no se ve como obstáculo a la democracia, sino como parte y expresión de ella. ¿O debiéramos exigir, por ejemplo, que La Jornada y Proceso no apoyen las causas que apoyan? ¿O que el Reforma y EL UNIVERSAL no hagan lo propio? Se puede fácilmente caer en una férrea censura, contraria a la democracia. No digas ni defiendas aquello en lo que crees, sino lo que la ley o el IFE te dicten. O no digas nada ni tomes posición de nada, sólo informa asépticamente y narra los hechos, sin interpretarlos. Ello limitaría también la libertad de los ciudadanos a buscar la orientación y medios que les son afines. Los sesgos informativos pueden y deben generar costos de credibilidad y audiencia, más que ser corregidos mediante la ley. Me parece que el tema central es menos la imparcialidad y más la pluralidad, la desconcentración. El problema con los sesgos y tomas de postura de las televisoras comerciales es la concentración de las audiencias. Entonces la solución está en otro lado. Decía el político inglés William Blackstone a fines del siglos XVIII: “Sin duda alguna, todo hombre libre tiene el derecho de exhibir en público los sentimientos que le parezca; prohibir eso sería destruir la libertad de prensa, pero si publica algo impropio, engañoso o ilegal debe aceptar las consecuencias de su propia temeridad”. La respuesta estaría, entonces, en la ley de medios más que en la ley electoral. Y la demanda tienen que hacerla los estudiantes frente al Congreso, el responsable de legislar en ese sentido.
Me extraña, por otro lado, que no haya aparecido en las consignas y pancartas de los estudiantes algo así como “No a la telebancada”, pues es un tema directamente relacionado con su eje temático. La ya tradicional telebancada convierte a esos grupos de interés en legisladores que defienden esos intereses, no los de sus “representados”. Y la telebancada se fortalece y amplía cada vez más. El reclamo tendría que ser a los partidos por cuya vía surge esta telebancada , en particular PRI y PVEM, pero también la Coalición de Izquierda, que en absoluta incongruencia de sus posturas alimentará esa telebancada con un senador. Cabrían movilizaciones frente a las sedes de esos partidos con la exigencia de no prestarse a meter en el Congreso la famosa telebancada (pues de no revertirse esa tendencia, pronto será un “Telecongreso”).
La agenda estudiantil tiende a ampliarse con temas genéricos, problemas ancestrales del país, como la injusticia social, la mala distribución del ingreso, la corrupción y la falta de Estado de derecho. Una posición loable. El problema es que los movimientos tienden a agotarse, y en la medida en que incluyen más temas y más genéricos, menos probabilidad tienen de lograr un cambio concreto. El que mucho abarca… El movimiento estudiantil podría ejercer una sana y eficaz presión sobre el tema de los medios, donde urge la desconcentración televisiva, pero existe el riesgo de perder dicha eficacia si se pierde en toda la agenda nacional, que es muy vasta y compleja.
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Facebook: José Antonio Crespo Mendoza.
Investigador del CIDE
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