Chapulines políticos
Ya en Monterrey se dio el caso muy publicitado del exalcalde Larrazábal, que simplemente hizo berrinche y no quiso regresar a su cargo, luego de haber pedido licencia para jugar por un cargo de elección popular.
Decimos “jugar” porque muchos de estos personajes están haciendo eso: jugar con el voto y la confianza de todos nosotros que los elegimos para un cargo o puesto, y al tiempo se van y buscan otro, procurando escalar y sin importar si cumplen con su función inicial para la que fueron elegidos.
El Tribunal Electoral de la Federación –TRIFE- ha dado la razón al señor Larrazábal y no está obligado a regresar, pero… y el Tribunal popular, ¿está de acuerdo?
Se preguntará el lector acerca de este otro tribunal que conforma la ciudadanía, los que votaron por tal o cual persona, y también se preguntarán si es ético el renunciar o pedir licencia, dejar al garete la responsabilidad para la que fueron elegidos, en pos de otro cargo.
¿Podrán dormir tranquilos en casa, a sabiendas de que nos tomaron el pelo?
No nos parece congruente con la honestidad con que debe conducirse un político el hecho de que brinque de un cargo a otro. Total, que cambien las leyes y procuren que de tiempo entre el término de una responsabilidad y el inicio de otra, y se acabó el problema: puede un alcalde buscar la gubernatura y así sucesivamente, pero en un ambiente de legalidad y honestidad personal, de una ética personal y profesional que debe existir en cada uno de los que buscan un cargo a través del voto.
No es lo mismo que un gobernante lo designe para tal o cual puesto y luego pida licencia para buscar un cargo de elección popular, sin embargo, pensamos que deberían concluir su gestión, que es lo más decente, pues.
No somos de la idea de que brinquen de un cargo a otro y menos que utilicen a gente que brinca para ganar, y luego dejan el cargo al suplente o la suplente, porque así lo acordaron.
Recuérdese el teatro que Andrés Manuel López Obrador estructuró con el famoso “Juanito” y Clara Brugada, haciendo que uno ganara la elección para dar el cargo a la otra, en un procedimiento totalmente amoral, indecente, cuando hoy por hoy el representante de la izquierda pide honorabilidad. ¿Con qué cara?
Y así como Juanito se prestó a ello, hay muchos que lo hacen y piensan que es congruente engañar a los electores.
Es tiempo que cada instituto político de la vuelta y vea a sus cuadros, que forme recursos humanos para que no tengamos problema en elegir a los candidatos, que tengan oportunidad de participar con todo el entusiasmo y capacitación necesarias, para buscar entonces, un cargo o puesto avalados por su propia inteligencia y no por la tradición.
Hay en todos los partidos gente joven que quiere hacer y llegar. Algunos son ideas que no compartimos, otros que sí compartimos, pero de igual forma respetamos, porque todos tienen derecho a tenerlas, pero también, que se les otorgue el derecho a buscar la oportunidad de llegar, de ser, de dejar a un lado lo ya vivido, y entonces, promover que los que brincan de un cargo a otro se vayan a otra parte con sus ideas retrógradas.
Que se pongan a cumplir con lo que deben, que desempeñen su cargo y justifiquen esos enormes e injustificados salarios que se les pagan, porque en muchas ocasiones no tienen siquiera la forma de recibirlo dignamente.
Es tiempo que los partidos, los institutos, abran las puertas a la ciudadanía, a sus militantes, a lo que llaman “cuadros” y en donde puede estar el futuro de ellos y de México mismo.
Es la hora de buscar un buen “insecticida político” y acabar con esa terrible plaga que amenaza con propagarse: los chapulines políticos, que tanto daño han hecho a nuestro querido México.
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