Cerco a Televisa: regresa el #YoSoy132
Con un estupendo relanzamiento, el cerco a Televisa —y un renovado entusiasmo para trascender más allá de lo electoral—, el movimiento #YoSoy132 ha entrado en una fase importante de definición sobre la hoja de ruta con la que navegará hacia sus objetivos originales, en un mar político revuelto tras las elecciones, frente a los que ha asumido una postura de descalificación total que lo ha empatado con las posiciones del movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador.
Ese fenómeno de coincidencia requiere ser contextualizado, y comprendido en el tiempo electoral, la circunstancia, y el lugar donde se produjo: el DF, donde los jóvenes tienen una casi natural tendencia a la izquierda. Por ello en la recta final de la campaña quedó clara la simpatía que entre sus principales liderazgos generó la candidatura del tabasqueño, o si se quiere, la manera en que condujeron por esa vía su rechazo al PRI y a Televisa, como cauce más definido en torno de su demanda esencial.
Sin embargo, frente al dilema de proseguir bajo la dinámica electoral marcada por las tácticas e intereses de los partidos, o regresar a su estrategia mayor: sus propias ideas y exigencias, parece que se ha vuelto a abrir paso la corriente que postuló sus motivos originales. Esas ideas que pisaron el callo más gordo, que se convirtieron en convicción y motor de lo que debe cambiar del sistema político actual para hacer de la democracia un ejercicio no sólo donde los votos se cuentan bien, sino y sobre todo, donde se da una expresión más informada, libre y libertaria del voto. Y eso es la reforma de los medios de comunicación; reforma de la que, en efecto, Enrique Peña Nieto será su principal enemigo, porque representa el producto de esa burda colusión de los intereses monopólicos de la Televisión con los de la restauración autoritaria.
Me imagino las tensiones y pulsiones que un movimiento tan amplio y transversal causa. La complejidad de sus definiciones a través de una asamblea de voceros. La pluralidad de su consejo de universidades, con enormes asimetrías en su activismo social y su experiencia en las calles. He ahí la paradoja de su potencialidad o debilitamiento: su fuerza es la transversalidad, pero también el mayor riesgo de su dispersión, y en ésta es por donde actúan las agendas personales o parciales, vaciando de contenido los movimientos o inflándolos sólo de consignas.
La enorme concentración de medios en unas cuantas manos —por cierto el más peliagudo cambio legislativo de cuantos se han propuesto en el Congreso—, apareció de nueva cuenta el 26 de julio, cuando #YoSoy132 inició un bloqueo simbólico y pacífico a Televisa Chapultepec para manifestarse por la democratización de los medios y en contra de lo que denominaron la “imposición” de Enrique Peña Nieto.
Con esta toma simbólica el Movimiento estudiantil constituyo una de sus primeras acciones para relanzar una de sus principales demandas y motivo por el cual se constituyó: “luchamos contra lo monopolios y oligopolios mediáticos que concentran y manipulan la información particularmente en el actual contexto electoral en donde es evidente el contubernio entre los partidos políticos y las empresas mediáticas”.
Por eso califico de estupendo el relanzamiento, mantiene el vigor de su presencia en las calles, ese aire fresco que estrujó al sistema de partidos y demostró que no hay tal excepción mexicana en el fenómeno mundial de los indignados; ese movimiento que conmovió al tranquilo status quo, y frente al que no pocos se rasgaron las vestiduras en nombre de la civilidad, que la imaginan muy cercana o pariente de la pasividad, del adormecimiento ciudadano, uno de los logros sociales del monopolio de la Televisión.
El #cercoaTelevisa duró 24 horas y asistieron miles de jóvenes en medio de la lluvia con un entusiasmo sólo comparable con el que habitantes de otras latitudes esperaban los juegos olímpicos. Contraste interesante porque ni la justa olímpica parece interferir con #YoSoy132, más aún, el regreso de los estudiantes de vacaciones pronostica que la movilización se incrementará. Han planteado en esta nueva acción que “la socialización y gestión colectiva de los medios de difusión permitirá una verdadera apertura mediática y garantizará el derecho a la información y la libertad de expresión” y aunque han extendido su programa a una agenda de seis puntos “más allá del proceso electoral”, han colocado como el primero “la democratización de los medios”. También se han propuesto cambios en el modelo educativo, científico y tecnológico; en el económico; en el de seguridad; fomentar una democracia participativa junto con movimientos sociales y un cambio en el modelo de salud.
Esta agenda de los jóvenes es de enorme esperanza para el país. No sólo como el síntoma de la profunda insatisfacción que existe, sino el preámbulo de un movimiento de mayor envergadura que puede detonar la soterrada pero existente tensión social por la forma en que la política ha jugado a administrar los verdaderos cambios. Esto puede crecer, sobre todo entre los sectores informados de la sociedad mexicana.
La agenda para la reforma de medios tiene ya sus trazos principales en diversas iniciativas en el Congreso. La más completa y de ahí su calificativo de “integral” es la que presentamos un grupo plural tanto de diputados como de senadores en la legislatura que está por concluir, y que contempla prácticamente todas las demandas del movimiento #YoSoy132.
Esa iniciativa requiere de una cuidadosa actualización, dada la vertiginosa dinámica del sector de la radiodifusión y las telecomunicaciones; sin embargo, el grueso de sus propuestas mantienen su visión de largo plazo y vigencia. Este proyecto es hoy la mejor plataforma de cambio que podrían empujar los jóvenes, además que cuenta con el aval de un amplio espectro de organizaciones sociales que luchan por la democratización de medios, agrupadas en el Frente Nacional por una nueva Ley de Medios, a cuya cabeza se colocó la Asociación Mexicana de Derecho a la Información.
El documento que se encuentra literalmente en la panza del Congreso, busca lograr una mayor pluralidad y diversidad en los medios; nuevas cadenas de televisión nacional y nuevos canales regionales, un auténtico organismo regulador para los medios y las telecomunicaciones, dotado de autonomía respecto de cualquier interés empresarial o político; el aliento a la producción independiente para que en la programación de radio y televisión haya espacio para empresas y productoras distintas a las que ahora acaparan a esos medios. Y garantizar, por supuesto, los derechos de las audiencias, entre ellos el pleno ejercicio del derecho de réplica.
Diputado federal del PAN
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