Interludio
Ninguna empatía
Imaginen este pequeño episodio: se encuentran unos chavales en un restaurante de postín. Son tres, dos chicos y una chica, compañeritos del cole, que llevan en el bolsillo la pequeña paga del domingo que sus padres han tenido a bien solventarles. Bien a bien, no saben cómo han traspasado el umbral del imponente lugar, un local que, desde la entrada, exhibe la intimidante atmósfera de lo lujoso. Pero, a lo mejor fue justamente eso, el oscuro atractivo de lo inaccesible, lo que los llevó a adentrarse en ese espacio de elegantes decorados y exquisitas ambientaciones.
En fin, una vez dentro, helos ahí, bien espantados, recorriendo con la mirada un menú confeccionado de precios astronómicos y platos tan exóticos como desconocidos. Y, ¿qué pasa? ¿Acaso se aparecerá un mesero que, enternecido súbitamente por la imprudente frescura de los jovencitos y enterado de que afrontan un trámite tan complicado como embarazoso, les aconsejará, fingiendo la disposición que reserva a los clientes importantes –pero bien consciente de que éstos, los que tiene ahora enfrente, son pequeños intrusos extraviados—, el consumo de los platillos más económicos? ¿Acaso acudirá el maître d’hôtel, bien solícito, para ofrecerles, de todas maneras, algún manjar que puedan pagar sin demasiados agobios?
No. Ni pensarlo. No ocurrirá nada de esto. Por el contrario, se mostrarán despreciativos y altaneros. Les harán sentir –a esos chicos que viven la experiencia de encontrarse donde no pueden estar— que no son de ahí y que ese ámbito les es completamente ajeno. O sea, que no habrá simpatía alguna ni capacidad para ponerse en el pellejo del otro y, sobre todo, ningún sentimiento que pueda surgir del corazón en vez de la caja registradora.
Me pregunto: ¿cuándo es que, en ese ámbito de lo cotidiano, se han podido instalar el egoísmo y la indiferencia como reglas tan legítimas y aceptables? El caso es que esos chicos, intimidados, se marchan del restaurante. Otros, que nunca traspasaron siquiera la frontera de la audacia, siguen donde siempre han estado.
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