Poder suave
Londres. La relación entre los países puede adquirir mil formas: desde las bélicas hasta las culturales, pasando por una amplia gama de recursos intermedios que ayudan a que las relaciones entre naciones hoy sean mucha más que un vínculo entre cancillerías o departamentos especializados. En estos tiempos las comunidades empresariales, académicas, deportivas y artísticas conviven con sorprendente naturalidad sin requerir (necesariamente) un paraguas gubernamental que las promueva, las incentive y mucho menos que las regule. Las redes intersocietales tienen una complejidad creciente y en muchos casos una enorme autonomía, sin embargo, la proyección de imagen al exterior sigue en gran medida siendo responsabilidad de los gobiernos, lo cual merece una lectura más matizada.
Un gobierno puede, en efecto, hacer mucho por mejorar o empeorar (según sea el caso) la imagen de un país, pero no es el único factor que debe considerarse. El deporte, como se constata una vez más en esta cita olímpica, es un mecanismo de influencia y proyección de poder invaluable, aunque algunos puristas lo menosprecien. Los países en ascenso (China) muestran su fortaleza en el medallero y aquellos que declinan relativamente (Rusia) viven de sus viejas glorias; los que están estancados o muy por debajo de su potencial (México) tienen un desempeño comparable al de certámenes precedentes. Izar la bandera es un gesto de afirmación colectiva aunque la medalla premie la excelencia de un individuo. La energía y seguridad que inyecta a un país es proporcional al prestigio que ese país proyecta a un auditorio que rara vez se interesará por un país remoto y ajeno a su realidad cotidiana, por lo tanto es una oportunidad más bien rara. Además, un deportista carismático puede hacer por la imagen de su país mucho más que las declaraciones de políticos. No hablaré del efecto Phelps ni de Usain Bolt, tampoco del ausente Nadal (cuyo libro autobiográfico es, por cierto, un éxito de ventas en inglés y francés) para reafirmar que el tener deportistas descollantes es mostrar una cara amable de tu país. Los éxitos personales son asumidos por la colectividad como éxitos propios que suben la autoestima y sobre todo proyectan otra imagen al exterior. No repetiré, por ser muy sabida, la letanía de que somos un país que pasa más tiempo en el sofá viendo deportes que en las pistas y canchas, piscinas y fosas, igual que una buena parte de los deportes en los que se obtienen medallas no son los favoritos del gran público, tampoco repetiré que el éxito es algo episódico y la experiencia es siempre sorprendente por su singularidad. Pero lo que sí quiero subrayar es la necesidad de repensar la proyección de poder suave al exterior, y el deporte es una de sus vías.
Por poder suave se entiende todo el conjunto de valores culturales y artísticos con los que un país influye en los demás. Figuras cimeras que van desde Rolando Villazón hasta Francisco Rebolledo (por hablar de dos colosos) nos recuerdan el abrumador potencial que tiene el país para mejorar su imagen en el exterior. México es carismático por su tradición milenaria, aunque desde mi punto de vista nuestra proyección sigue muy lastrada por un “pintoresquismo” muy acentuado (no hay video que no ponga chinas poblanas y voladores de Papantla) un “guacamolerismo” atroz y una imagen sombría y deprimente de calaveras y Fridas. En los deportes seguimos emocionados porque un mexicano alinea en un club de futbol europeo, siempre con el fantasma del insuperable Hugo Sánchez (¿los brasileños compararán a todos sus exportables con Pelé?). No es que eso no sea México, pero hace falta una explosión de modernidad.
Proyectar poder suave es una prioridad. No es lógico que la cosecha de medallas sea parecida a la de 1968, aunque solamente fuera por la experiencia adquirida, o porque somos más del doble de habitantes (ya podríamos tener una docena más de medallistas) que en aquellos años. Algo tiene que cambiar en el ser nacional para que nuestra proyección de poder suave se incremente y eso pasa por un ejercicio que no hemos querido hacer y es reformar el país desde la base y no desde la cúpula.
@leonardocurzio
Analista político y conductor de la primera emisión de Enfoque
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